Había una vez un chico de 18 años que quería estudiar barbería.

Por casualidad, terminó estudiando peluquería femenina. Y algo inesperado pasó: cuando empezó a manejar cabellos largos y darles forma, se sintió completamente identificado. Lo que iba a ser un desvío se convirtió en vocación.

Juan pablo en sus inicios

Juan Pablo empezó en el Palacio del Peinador, ni siquiera había terminado el curso cuando consiguió su primer trabajo como asistente. Cuatro meses después entró a la peluquería de Jorge Sánchez, donde hizo una carrera vertiginosa: de asistente a peinador y cortador más rápido de lo que nadie esperaba.

El salto.

Después de 10 años trabajando para otros, llegó el momento más difícil: independizarse. El miedo era real — quedarse solo, que la gente no lo siguiera. Pero apenas abrió las puertas de su primer local, entendió que todos esos años de tratar la clientela ajena como si fuera propia habían construido algo sólido. El 80% de sus clientas lo siguió.

Las casonas.

Siempre eligió casas antiguas, con historia. Nunca locales comerciales. La primera fue en calle 45 entre 14 y 15 — una casa hermosa, de esas que te reciben hacia adentro. Arrancó con una recepcionista y cuatro empleados. A los tres años ya tuvo que ampliar la parte de atrás porque el espacio no alcanzaba.

 

 

 

A los seis años abrió una sucursal en calle 47 entre 10 y 11: una casa antigua de dos plantas, grande, de estilo. Tuvo las dos peluquerías funcionando en simultáneo. En ese tiempo también abrió su propia academia de peluquería, porque quien aprende con pasión tarde o temprano quiere enseñar.

Después vino la pandemia, los cambios, otra casona en calle 43. Cada mudanza con su historia, cada espacio con su impronta.

Y hoy.

La casona de calle 40 N° 628, entre 7 y 8, es donde Juan Pablo se siente más cómodo. Más acobijado. Como volviendo a la calidez de aquella primera casa de calle 45. Un equipo de 8 técnicos especializados en coloración, corte y cuidado del cabello. Más de 1.100 reseñas en Google. Un espacio que Juan Pablo sueña como un templo de la belleza — donde cada clienta se sienta como en su casa.

Porque eso es lo que siempre fue, desde el primer día.

 


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